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Bartolomé Mitre 1984, 2º piso,

Buenos Aires, Argentina

XXI Congreso Pedagógico 2016 

ESCUELA CRÍTICA Y EMANCIPACIÓN
REGISTROS PEDAGÓGICOS Y SU POTENCIA TRANSFORMADORA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Ponente: Verónica G. Cetrángolo

Título: Profanando las memorias: Pensar nuevos “nunca más”

“El pasado sale a la luz, envolviendo a todos en el gran Tiempo

de las coexistencias, en este medio vital cenagoso que es la Tierra

donde coexisten todos los crímenes y todos los amores

de todos los tiempos. (…)”

P.P.Pelbart[1]

 

“La nostalgia que otra vez 
no entiendo los que hacen

lo mismo que yo hice ayer 
pero como hasta ahí nomás 
   como viviendo en el pasado.”

Charly García,

Vos también estabas verde. 

 

 

El presente trabajo estará centrado en la producción de registros de, por un lado, los “Talleres de los miércoles” con alumnxs y compañerxs docentes del nivel medio de la Escuela Normal Superior N°4 en el marco del Programa educativo “Jóvenes y memoria” y, por otro lado, las audiencias en los tribunales de Comodoro Py a las que asistimos durante 2015 y 2016, junto a docentes y alumnxs de la misma escuela, como parte del Programa “La Escuela va a los Juicios”. Ambos programas educativos son promovidos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el área de programas educativos del Espacio Memoria y Derechos humanos ex ESMA[2]. Los registros que he decidido desarrollar han tenido como protagonistas a estudiantes que, por elección propia decidieron participar de las propuestas, y han tenido como escenario distintos espacios fuera del “aula tradicional”: Tribunales Federales de Comodoro PY, Sitios de Memoria, y el espacio dentro de la escuela destinado al taller de los días miércoles, en contra-turno[3].

Mi decisión acerca de qué situaciones ponderar de la experiencia como docente, compartida con profesorxs colegas y con lxs estudiantes, tuvo en cuenta las preguntas/ problemas sobre los que me interesó echar luz y que, por distintos motivos que iré desarrollando, considero que condensan mejor que otras, las cuestiones más complejas acerca de cómo problematizar los presentes a partir de los pasados recientes.

Dichos registros, entonces, estarán atravesados por una serie de preguntas: ¿Cómo encarnan los jóvenes actualmente, a partir de algunas propuestas educativas, tanto dentro como fuera del espacio “escolar”, la consigna del “Nunca más”? ¿Qué otros “nunca más” se van desplegando en las urgencias del presente? ¿De qué variadas formas podemos pensar puentes entre la Historia reciente (desde la década del setenta) de nuestro país y los diversos presentes?

Intentaré abrir aquí una pregunta/ problema más, que si bien, podría no ir directamente de la mano con las anteriores, considero que encierra lo que para mí como docente nutre nuestra tarea y nos pone frente al riesgo que implica abrir y/o encontrar espacios escolares donde trabajar y construir maneras distintas de “estar en” y pensar la escuela. Una pregunta entonces sería: ¿Cuáles son los posibles de un “taller”, que funciona, en el que se nos juega una experiencia potente? ¿Qué hace que esos espacios se sostengan (sabiendo de su fragilidad)? ¿Cómo se sostiene? Lo cual lleva a una (¿última?) pregunta, ¿Por dónde pasa el deseo de quienes allí participan (docentes y pibxs)? ¿Qué saberes se ponen en juego? Quizás la clave no es preguntarse por qué van (lxs docentes, pero sobre todo lxs estudiantes) sino ¿por qué siguen ahí, por qué se quedan?

 

Una mañana escolar en los “Tribunales”[4]

 

            La combinación entre las líneas A y C de subte nos deja en la plaza Retiro, frente a las estaciones de ferrocarril. Y allí nos dirijimos, dos docentes y seis estudiantes de cuarto año, desde la puerta de la escuela[5] hasta el edificio de los Tribunales de Comodoro Py, donde desde hace años tienen lugar las audiencias por los crímenes cometidos durante la última Dictadura corporativo-militar[6]. La mañana estaba gris, pleno otoño. En las escalinatas de mármol nos esperan dos de los referentes del Programa “La Escuela va a los Juicios”[7].   

Se suele decir que los tiempos de la justicia “son lentos”… esa mañana lo comprobaríamos, ya que la audiencia, que debía empezar a las 9am, se retrasó casi dos horas, en las cuales, para “hacer tiempo” nos sentamos en uno de los pasillos del subsuelo, cerca de la puerta de la sala donde se llevaría a cabo el juicio, y aprovechamos para conversar acerca de la historia reciente de los Juicios: una especie de “genealogía” de cómo se llegó a que, en el otoño de 2015 se estén juzgando crímenes cometidos hacía casi cuarenta años, y el por qué de la “no prescripción” de dichos crímenes “a la humanidad”. La charla se desarrollaba entre mate y mate, y una mezcla de distensión, por momentos, tedio y ansiedad nos invadía, atentos a los hombres que pasaban caminando, vestidos de traje y corbata, y observaban de reojo a “ese grupito” que claramente, no “encajaba” con la población judicial del lugar. Y de repente pasó él… no supimos su nombre ni su edad, pero nos imaginamos que ese joven al que llevaban esposado, con sus manos en la espalda y la mirada enfocando el suelo, no debía tener más de dieciséis años; es decir, la edad de los mismos estudiantes que se sorprendieron al verlo pasar. La pregunta tras el silencio fue inmediata ¿Por qué lo llevan? Como si lxs docentes que los acompañábamos y los abogados referentes del Espacio Memoria pudiéramos adivinar la historia de ese adolescente. Ideas al aire, hipótesis… lo único seguro es que esa imagen no (nos) pasó desapercibida. ¿Cómo podríamos relacionar lo que acababa de pasar con lo que veríamos adentro cuando se abriera la puerta de la sala de audiencias? Hay interrogantes que merecen quedar abiertos, que sólo al calor de otras experiencias pueden ir cobrando sentido, lo seguro, es que algo “había quedado picando” ahí.

            Finalmente entramos a la sala de audiencias, y de repente estábamos siendo testigos –casi los únicos esa mañana- del juicio por la Causa Plan Cóndor.[8] Creo que hay mucho de lo vivido que nos excede y no llega a captarse, al menos no tan pronto... Es sentir a la Historia tan cerca, como algo tan vivo, tan presente. Y los sentimientos se multiplican al haber estado ahí con estudiantes de 16, 17 años que fueron y preguntaron, y miraban, y una de ellas recuerdo que me dijo "quiero volver a venir". Y dibujaban. Al no poder tomar fotos, y mucho menos filmar, sacaron hojas y lápices y dibujaron. Pude ver la cara de un ex represor -a quien le escuchamos la voz y no paraba de repetir su inocencia- en el dibujo de una de mis alumnas, los jueces, abogados, esa sala tan fría... todo quedó en sus dibujos. Fue una parte, nada más y nada menos que una, de entre tantas y tantas audiencias que se repetirían cada mañana, hasta mediados del 2016, cuando por fin se dictaría sentencia. Esos estudiantes fueron seis más de entre tantos otros que fueron y –confiamos- seguirán yendo a participar de estos acontecimientos, de estas conquistas tan difíciles de alcanzar, de las que ellos, a partir de aquella mañana gris, también fueron parte.

Un año más tarde volveríamos para ser testigos partícipes de las audiencias, esta vez, por el tercer tramo de la Causa ESMA, lxs mismos docentes, y muchxs más estudiantes. Un día antes de volvernos a encontrar en Comodoro Py, varixs de nosotrxs –al igual que gran parte de la sociedad argentina- escuchábamos al presidente de la Nación referirse al Terrorismo de Estado como “Guerra sucia” y afirmar que “no tenía idea”[9] acerca del número de desaparecidos en Dictadura. A la mañana siguiente, y antes de entrar a la sala de audiencias, una estudiante de 4to año nos contaba acerca de su abuelo, que aún permanece desaparecido. ¿Se pueden articular estos dos enunciados? ¿Cómo deberíamos hacerlo para construir sentidos de cara al futuro? El historiador Walter Benjamin afirmaba que “articular históricamente el pasado no significa conocerlo “como verdaderamente ha sido”. Significa adueñarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro. (…) Sólo tiene derecho a encender en el pasado la chispa de la esperanza aquel historiador traspasado por la idea de que ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si este vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer.”[10] Entonces, ¿qué es lo que está en peligro hoy, en relación con los jóvenes?  ¿Qué tenemos, aún sabiendo que siempre se puede perder? Tenemos la experiencia histórica y el trabajo de construcción de la memoria, y lxs jóvenes tienen derecho a ella. Ese derecho no es algo dado: es lo que nos permite participar de la disputa por el sentido, apropiárnosla,  implicarnos con ella… Profanarla.

 

Lo que (no deja de pasar) bajo la autopista

 

  “Me es más productivo seguir el hilo del diálogo que instalarlo.

Pero de pronto se necesita otra cosa, y hay que asumir lo que pasa

con cada visita. Yo dudaba sobre qué podía pasar, pero realmente

venir aquí todos los días con alguien diferente me permite

visualizar cosas, situaciones, pensamientos, que yo sola no podía ver.

El fantasma comienza a mutar y La Perla se va

transformando en un lugar de hoy. Me interesa depositar

la confianza en los que somos sobrevivientes de una ciudad

que tiene presente esta memoria (…).”[11]

 

La primavera estaba comenzando, pero bajo la autopista 25 de Mayo, a la altura de la avenida Paseo Colón, el invierno seguía firme. Como parte del proyecto Jóvenes y memoria del año 2015, las docentes propusimos a las estudiantes que asistían al taller, una visita a un ex CCDTyE[12]. Así fue que llegamos al ex Atlético. Luego de recorrer con uno de los guías a cargo, el espacio donde habían tenido lugar los secuestros y torturas de los detenidos-desaparecidos, nos dirigimos a un galpón muy cerca de allí,  ubicado en la esquina de Cochabamba e Ingeniero Huergo, donde funciona el “laboratorio”, es decir, donde se realiza el trabajo arqueológico de análisis de los objetos que se van encontrando bajo la autopista, lo que pudo haber permanecido oculto para siempre, bajo el cemento, pero sobre todo, bajo el peso de la impunidad, que los mantuvo así durante décadas.

El tiempo se detuvo mientras escuchábamos las historias que se iban desplegando a partir de cada pequeño objeto. La arqueóloga a cargo del lugar nos iba explicando el trabajo de investigación: lo que se decide exponer y lo que no, y en su relato destacaba el compromiso ético y político acerca de qué mostrar y cómo. Nos detuvimos frente a una vitrina donde se podía ver la cinta que cubre por dentro la gorra del uniforme policial[13]. Sobre la tela se podía observar una esvástica dibujada. Frente a la sorpresa de las estudiantes, nuestra arqueóloga pregunta: ¿Qué nos puede decir ese símbolo en el interior del uniforme de un agente de las fuerzas de seguridad? ¿Cuáles son los sentidos posibles cuando sabemos que, más allá de las víctimas directas y sus familiares, los ex Centros Clandestinos son mayormente visitados por jóvenes nacidos en democracia? Retomando la cita que abre este apartado, ¿no seremos todxs nosotrxs en parte sobrevivientes de los ex Centros Clandestinos? ¿Qué es lo que sigue vivo ahí, interrogándonos incesantemente si le damos lugar? A propósito de estas preguntas, traigo aquí otro breve diálogo del libro de Gabriela Halac, “Visitas a La Perla, ensayos sobre lo que no desaparece”, donde se reconstruye un momento del recorrido de distintos habitantes de la provincia de Córdoba por aquel ex Centro Clandestino:

“J.: … porque yo vivo todo eso como algo de ciencia ficción. Y verlo hoy, escuchar comentarios de la gente que habla como que eso fue necesario, o que pueden llegar a desear un modelo semejante hoy, eso me hace preguntarme: ¿qué de eso sigue operando? ¿Qué arrastramos?     G.: Creo que tiene que ver con la deshumanización del Otro. (…) Pensemos hoy cómo actúa la policía en relación a la portación de cara, por ejemplo. Ahora quizás ese es el Otro que se ve como amenaza.”[14]

Elijo, para seguir con este trabajo, tomar el hilo de esas dos preguntas, muy parecidas a las que nos hicimos junto con las estudiantes esa mañana de septiembre en el ex Atlético: ¿Qué de eso sigue operando, qué arrastramos?

 

¿Cuántos otros “Nunca Más”?

 

Tal vez esas voces (…) nombren, cada cual a su manera y

desde su perspectiva, la vergüenza y lo intolerable, la resistencia

y la afirmación absoluta. (…) De ese modo exceden

en mucho esa hecatombe que lleva el engañoso nombre

de Holocausto, así como el ansia de “representarla” sin más.

Allende esta catástrofe y todas las otras, pretéritas,

presentes y por venir, estas voces  prolongan la vida

por otros medios.[15] 

 

Entre fines de septiembre y principios de octubre de 2015 tuvo lugar en el Espacio Memoria y DDHH “Ex ESMA” una jornada con lxs docentes y estudiantes de todas las escuelas de la ciudad de Buenos que durante ese año habían ido a participar de las audiencias en Comodoro Py, tal como lo relaté más arriba en este informe. Lxs referentes del Programa tenían actividades propuestas para lxs estudiantes, los cuales iban a trabajar para poner en común las experiencias que, cada unx, y como escuela, habían vivido, según las audiencias a las que les había tocado asistir. Después de compartir al aire libre un almuerzo, nos convocaron a todxs, profes y pibxs, a uno de los auditorios del Espacio, para hacer la “puesta en común”. El auditorio desbordaba de gente, fue por eso que busqué lugar para sentarme en las escaleras, y desde allí pude observar a los grupos de estudiantes que se iban turnando para pasar al escenario y explicar sus conclusiones sobre lo reflexionado por la mañana. Casi todxs lxs pibxs pasaban “al frente” con un afiche de papel madera donde estaba plasmado lo que en ese momento contarían. Decidí tomar apuntes al escuchar a dos jóvenes de escuela pública que dijeron algo que, a mi modo de ver, condensaba la importancia de cada audiencia, de esos juicios y, sobre todo, de la presencia, tan vital,  de lxs jóvenes en los Tribunales: "Nosotros tenemos muchos más motivos hoy para seguir diciendo Nunca más... hablamos de femicidios, de gatillo fácil, de que a parte de la sociedad argentina hoy no le llega la justicia, como a los pibes de clase baja. (…) Hay que hacer que la gente se mueva políticamente, más allá de la militancia partidaria"... mirar hacia adelante, tomando lo que pasó antes". Al escribir estas líneas recuerdo mucho del impacto que me produjo escuchar esas palabras, en ese auditorio abigarrado de jóvenes, y en momentos en que los horizontes de la política argentina parecía que no miraban mucho más allá de los resultados muy poco alentadores del ballotage que estaba en puerta. Recuerdo haber pensado, esa tarde, tanto como ahora al escribir estas líneas, ¿por dónde pasa entonces la vitalidad de lo político, en democracia?  Por otra parte, ya en aquel mes de octubre, como ahora, seguimos escuchando enunciados que con distintos argumentos no dudan en deslegitimar estos juicios y el tratamiento del pasado reciente como forma de poder construir una sociedad más justa. Entonces, retomo el hilo de las preguntas que quedaron abiertas más arriba: ¿Qué de eso –de las relaciones sociales “reorganizadas” durante la dictadura- siguen operando, qué arrastramos? Un texto reciente de Oberti y Pittaluga nos puede dar una clave para pensarlo, siguiendo la síntesis que tan bien supieron expresar aquellas jóvenes, esa tarde en la ex ESMA: “tal régimen se manifiesta en la cotidianeidad, cuando los valores y jerarquías del orden social, las sumisiones y fascinaciones de la dominación que la dictadura se propuso conservar y profundizar, se repiten y sostienen entre los propios oprimidos hoy día, en las posibilidades o imposibilidades de la vida en común, en la estigmatización de los sectores subalternos, en el cercenamiento de las memorias de las luchas de los oprimidos de ayer que pudieran iluminar las promovidas por los explotados actuales. En este punto, la dictadura ha tenido una victoria aún perdurable.”[16]

            Hay un punto más que me parece central para destacar la importancia en que lxs jóvenes muchas veces –como en el episodio aquí relatado- deciden “apropiarse” de los discursos acerca del pasado reciente y las memorias, e ir construyendo los propios. En este sentido, y creo que todxs lo hemos formulado alguna vez, es un lugar común pensar que “lxs jóvenes son el futuro”, como también es otro lugar común afirmar que se estudia el pasado para no volver a repetir los mismos errores… ¿de qué futuro entonces estamos hablando, y cómo el pasado –especialmente los pasados recientes a los que nos venimos refiriendo aquí- operan para posibilitar –o no- la construcción de futuros posibles? Al respecto, anteriormente nos referíamos a “los instantes de peligro” de los que hablaba W. Benjamin. La filósofa y psicoanalista Suely Rolnik lo retoma y amplía: “Cuando Benjamin habla de los futuros que quedan soterrados en los momentos de peligro, yo estoy segura de que se refiere a los devenires que se originan a partir de esos quiebres de la historia. El problema es cómo desentrañar ese futuro que está en nuestro propio cuerpo. Y hablo de desentrañar porque no es algo que debamos buscarlo allá, en el pasado o en el futuro, sino que está acá, como una virtualidad que existe hoy pero fue interrumpida. (…)”[17] Pensemos entonces, ¿cómo podemos, lxs docentes, acercar a nuestros estudiantes e intentar transmitirles la importancia de aquellas luchas que “quedaron soterradas” bajo la larga noche de la dictadura? ¿Cómo ir más allá del recuerdo, el justo homenaje o la pura reivindicación? ¿Cómo habilitar un pensamiento crítico que no termine haciendo un simple “borrón y cuenta nueva” y olvide las luchas de quienes nos precedieron?¿Cómo profanar la memoria para extraerle futuros, sin abandonar la fidelidad a nuestros muertos? Continúa Rolnik: “ (…) Hablo de desentrañar, entonces, para evitar también la imagen de una transmisión entre generaciones, como si yo hubiera vivido algo que debo traspasarles a ustedes –a lxs jóvenes- para que lo prolonguen. No me parece una buena manera de nombrar este desafío, porque así terminamos consolidando las distancias. La idea de articular lo que se vive como exterioridad siempre fracasa. Mi impresión es que se trata de un acto de fusión, de la emergencia de un futuro soterrado que nos atraviesa a todos a la vez.[18] Quizás esto nos ayude a pensar e intentar profundizar y problematizar en esos urgentes “Nunca más” a los que referíamos más arriba, que nos hablan, sobre todo, acerca de lo que hoy puede resultar “intolerable”, a lo que no queremos, ni podemos, ni debemos “acostumbrarnos”.

 

Un miércoles de Taller

 

“Empecé a ir a Jóvenes porque siempre me interesó la idea

de hablar de temas, los cuales no siempre se tocan,

y me parecía genial que se pudiera hacer dentro

del colegio (…) me encantó la idea de poder seguir

conociendo personas con visiones distintas a la mía,

porque creo que siempre está bueno saber

la opinión del otro, (…). Siempre que salía del taller, s

alía renovada, y llegaba a casa entusiasmada (…)

Creo que es fantástico que exista un espacio para que

se puedan tratar estos temas. (…) El viaje a Chapa

me ayudó muchísimo, fueron dos días completos de

emociones encontradas, de ver lo que al otro le pasa

y que uno ignora, (…) jóvenes enfrentándose a una vida

más dura, pero igual que nosotros, no eran más,

ni eran menos que nosotros, eran iguales.”.

(Estudiante del Normal 4, participante del Taller de Jóvenes y memoria 2016).

 

Nos veníamos juntando los miércoles por la tarde, en algún aula que quedaba libre en la escuela. Habíamos comenzado hacia fines de marzo, y la convocatoria seguía creciendo. Algunxs iban un día al taller y volvían a la semana siguiente, otrxs fueron sólo una vez. A medida que transcurría el tiempo y los encuentros, iba creciendo también el compromiso. “Compromiso”, es una palabra, creo, bastante cercana a lo que se genera en ese espacio que, de a poco, íbamos haciendo nuestro. No es por obligación que lxs chicxs asisten al taller de Jóvenes y memoria, no “lleva nota”, ni la escuela pide a lxs alumnxs que se inscriban en un taller si o si. ¿Por qué llegan al taller? Pero sobre todo, ¿Por qué se quedan? ¿Cómo se sostiene este espacio? Son preguntas de difícil respuesta, misterios, en todo caso, que no tienen por qué ser develados –por eso lo son-. Lo cierto es que durante todo el 2016, cada miércoles, durante dos horas, algo nos sostuvo a todxs quienes armamos y pasamos por ese taller… deseo, compromiso, interés, expectativas, todos ingredientes del entramado que fuimos tejiendo.

Miércoles 27 de abril… Por intervención de M[19] volvió a salir el tema de la violencia institucional –y policial-, y escuchamos la canción “El ángel de la bicicleta”. A la vez, a partir de la intervención de L, del día anterior en el grupo de Facebook, leímos entre todxs una frase de Bertold Brecht[20], y escuchamos el tema de la banda Arbolito: “Te acostumbrás”. Lo fuimos pensando a partir de dos preguntas: ¿A qué situaciones nos acostumbramos? Y, ¿A qué no nos queremos acostumbrar? Después de un rato, en que cada unx tuvo tiempo de poner por escrito lo que se le iba ocurriendo, hicimos la puesta en común. Nos acostumbramos: a la opresión propia, que nos lleva a no pelear por lo que queremos, deseamos; a la derrota, de ahí el miedo a fracasar; a la desigualdad, a ver gente muriendo de frío en invierno, buscando refugio; a tener miedo, a la violencia machista; nos acostumbramos a consumir basura para evadirte y no pensar, buscar la pura distracción. Por otra parte, no nos acostumbramos: a la desigualdad, a la inseguridad, a la violencia de género, a viajar como ganado en el transporte… Al expresarlo en voz alta, nos dimos cuenta de que, mucho de lo que decimos acostumbrarnos, coincide con lo que decimos que no nos queremos seguir  acostumbrando (naturalizando): estamos, siempre en esa tensión, en el medio entre ambas formas de percibir lo que nos afecta, o que muchas veces no dejamos que nos toque, que nos marque.

Mi elección de recrear este, entre tantos otros registros que fueron surgiendo de los talleres de Jóvenes y memoria, va de la mano de lo que intenté pensar más arriba, al acercar las palabras de las dos estudiantes que se referían a los “Nunca más actuales”. Al decir Nunca Más pienso que afirmamos sobre todo lo “intolerable” de cada época: “En cuanto a lo intolerable, requiere, para ser detectado a tiempo, de un ejercicio cartográfico constante y obstinado, y lo que se podría llamar una pedagogía de lo intolerable. (…) no consiste en un culto del horror, ni el goce mórbido, tampoco en la monumentalización de la tragedia, mucho menos en miserabilismo y victimización alguna. (…) Jean-Luc Nancy lo formuló con las siguientes palabras: el hombre, aquel por quien el aniquilamiento viene al mundo, es ante todo afirmación absoluta de ser; es decir, resistencia absoluta e inflexible al aniquilamiento.”[21] Esa es nuestra búsqueda: atender y propiciar un espacio para que surjan las voces –jóvenes- que griten los modos en que ya no queremos vivir. Procuremos,  entonces, insistamos con todas nuestras fuerzas y nuestra imaginación, en que las luchas, reclamos, de la escuela –sus estudiantes y docentes- no se transformen en simples demandas (hacia los gobiernos de turno, los sindicatos, las Fuerzas de Seguridad). La demanda implica, sobre todo, consumidorxs insatisfechos, y el consumidor es por naturaleza una figura individual, y las luchas no se pueden pensar sino colectivamente. Por otra parte, ¿por qué conformarnos con que nuestras demandas resulten satisfechas? Si tenemos frente a nosotrxs desafíos mucho más grandes –que no por eso deben olvidar su nivel micro, su trama y despliegues cotidianos- como imaginar una sociedad mucho más justa, amorosa e igualitaria que la que pareciera que estamos condenados a aceptar… a “acostumbrarnos”.

 

A modo de conclusión

 

“(…) lo mejor, lo más útil, creo, consiste en atender

a la conservación de la memoria de lo hecho,

a documentarlo, a reflexionarlo, a entender

sus límites y a defender sus posibilidades y aperturas en

todos los planos de la experiencia humana, Se trata, creo,

de “cuidar la brasa”: es decir, empecinarse en no permitir

que lo que hicimos en común en algún momento

se evapore en el aire, se olvide, se abandone así, sin más,

como se dejan las cosas que nos causan dolor. (…)

Raquel Gutiérrez Aguilar[22]

 

A través de estos registros de lo que se fue construyendo durante dos años entre estudiantes y docentes, en el más acá y más allá de las aulas –teniendo en cuenta tanto las potencialidades como las limitaciones de la escuela, intentamos pensar los modos de “implicación” de las voces de lxs jóvenes para pensar problemas propios, comunes, actuales –más que meramente coyunturales-, y pensarlos a partir, no de descartar y darle la espalda al pasado –especialmente al pasado más trágico y reciente- sino tomando de ese pasado, seleccionando a partir de él, lo que nos permite imaginar más allá. Abordar lo que de ese pasado está vivo y sigue operando, para lo cual, la forma de acercarnos es profanándolo, como forma de construir sentidos políticos nuevos.

            ¿Cómo puede, la escuela entonces, y los programas educativos destinados a lxs jóvenes, habilitar estas posibilidades? A lo largo de este escrito intenté extraer de la multiplicidad de experiencias escolares, algo de eso, de esos momentos, que pueden sintetizarse en una mañana, una tarde, un encuentro con alumnxs en algún pasillo, una salida didáctica, un viaje en subte con ellxs… situaciones en las que creo que “pasó algo”, aunque ese algo, justamente, se manifieste en forma imperceptible: “(En este gran manicomio posmoderno que es el nuestro) ¿Cómo sostener un colectivo que preserve la dimensión de la singularidad? ¿Cómo crear espacios heterogéneos, con tonalidades propias, atmósferas distintas, en los que cada uno se enganche a su modo? ¿Cómo mantener una disponibilidad que propicie los encuentros, pero que no los imponga, una atención que permita el contacto y preserve la alteridad? ¿Cómo dar lugar al azar, sin programarlo? ¿Cómo sostener una “gentileza” que permita la emergencia de un hablar allí donde crece el desierto afectivo? (una comunidad hecha de suavidad, no obstante macerada en el roce con el dolor).”[23]

Para lo cual, y tal como propone desde hace más de quince años la consigna del Programa Jóvenes y memoria… Recordamos para el futuro.

En eso estamos.

Buenos Aires, febrero de 2017.

 

Bibliografía consultada

AA.VV y Colectivo Situaciones (coord.) (2009): Conversaciones en el Impasse. Dilemas políticos del presente, Buenos Aires, Tinta Limón.

Benjamin, Walter (2007): Conceptos de Filosofía de la Historia, Buenos Aires, Terramar.

Halac, Gabriela (2016): Visitas a La Perla. Ensayos sobre lo que no desaparece, Córdoba, DocumentA/ Escénicas ediciones.

Oberti, A., Pittaluga, R. (2016). Apuntes para una discusión sobre la memoria y la política de los años 60/70 a partir de algunas intervenciones recientes. Sociohistorica, 38, e015. Recuperado de: http://www.sociohistorica.fahce.unlp.edu.ar/article/view/SHe015

Pál Pelbart, Peter (2016): Filosofía de la deserción. Nihilismo, locura y comunidad, Buenos Aires, Tinta Limón.

 

 

 

[1] Pál Pelbart, Peter (2016): Filosofía de la deserción. Nihilismo, locura y comunidad, Buenos Aires, Tinta Limón.

[2] Partiendo de dichos Programas, mi intención no será poner como eje central la construcción de la Memoria o las memorias en la escuela, lo cual, de por sí, ya se encuentra implícito en el objetivo de ambos programas y, por otra parte ha sido trabajado en producciones anteriores del XIX Congreso pedagógico UTE: Striker, Daniela y Guindi, Leticia (2014): “Narrar y construir memorias democráticas. La experiencia del Taller de la Memoria del Colegio Nicolás Avellaneda”.

[3] Lxs estudiantes del nivel medio de la Escuela Normal Superior N°4 asisten a la escuela –de 1ero a 5to año- en el turno mañana, ya que en el turno tarde funciona, en el mismo edificio, otro establecimiento educativo de nivel medio, el Liceo N°2. Por lo cual, al compartir ambas escuelas el edificio, las aulas que quedan disponibles pueden ser usadas para los diferentes talleres optativos o clases de apoyo escolar, que ofrece el Normal N°4.

[4] El siguiente registro corresponde a la mañana del martes 28 de abril de 2015.

[5] El Normal N°4 se encuentra ubicado en la avenida Rivadavia, lindando con el Parque del mismo nombre, y a pocos metros de la avenida José M. Moreno, pleno centro del barrio de Caballito.

[6] Elijo denominarla de este modo, y no “Dictadura militar” o “cívico-militar”, con el fin de resaltar el protagonismo –más que la mera complicidad- que tuvieron las corporaciones económico- financieras en el Terrorismo de Estado.

[7] Como fue mencionado en la introducción, dicho proyecto pertenece al área de Programas educativos del Espacio Memoria y DDHH “Ex Esma”, y desde el año 2014 está destinado a estudiantes de 16 a 18 años de escuelas secundarias de CABA, los cuales, acompañados por docentes y referentes del programa, pueden acceder a las audiencias, aún sin ser mayores de edad.

[8] El Plan Cóndor fue el esquema de coordinación represiva estructurado por las distintas dictaduras del Cono Sur para la represión, tortura y exterminio en el marco de la denominada “Doctrina de la Seguridad Nacional” prohijada por los EEUU durante la Guerra Fria. Permitió a las dictaduras y las Fuerzas Armadas y de Seguridad estructurar mecanismos conjuntos tendientes a la desaparición forzada de personas, torturas, secuestros y asesinatos de militantes y opositores a los distintos regímenes a lo largo de todo el territorio latinoamericano con participación y acción de todos los Estados Terroristas intervinientes.

[9] https://www.youtube.com/watch?v=JTVDUyMLKwk Entrevista al presidente Mauricio Macri, 10 de agosto de 2016.

[10] Benjamin, Walter (2007): Conceptos de Filosofía de la Historia, Buenos Aires, Terramar, pag. 67-68.

[11] Halac, Gabriela (2016): Visitas a La Perla. Ensayos sobre lo que no desaparece, Córdoba, DocumentA/ Escénicas ediciones. Pag. 85

[12] CCDTyE corresponde a la abreviatura de Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio.

[13] Durante el tiempo que en el que funcionó el ex “Atlético”, la parte del edificio que daba a la avenida  Paseo Colón, siguió funcionando para tareas “legales” de las Fuerzas policiales, y “coexistía” de alguna manera, con el Centro Clandestino que se ubicaba en el subsuelo.

[14] Op. cit., pag. 146

[15] Pál Pelbart, Peter (2016), Op. Cit., pag. 290

[16] Oberti, A., Pittañuga, R. (2016). Apuntes para una discusión sobre la memoria y la política de los años 60/70 a partir de algunas intervenciones recientes. Sociohistorica, 38, e015. Recuperado de: http://www.sociohistorica.fahce.unlp.edu.ar/article/view/SHe015

[17] AA.VV y Colectivo Situaciones (coord.) (2009): Conversaciones en el Impasse. Dilemas políticos del presente, Buenos Aires, Tinta Limón. Pag. 66-67

[18] Op. Cit. Pag. 68.

[19] Los nombres de lxs estudiantes del taller de Jóvenes y memoria decidí indicarlos con la inicial de cada unx. El siguiente registro lo he elaborado a partir de los apuntes que fui tomando durante el desarrollo de dicho taller, y que tomaba como base, para escribir en un grupo de Facebook lo que  íbamos haciendo cada miércoles.

[20] “Sobre todo, examinen lo habitual. No acepten sin discusión las costumbres heredadas. Ante los hechos cotidianos, por favor, no digan: “Es natural”. En una época de confusión organizada, desorden decretado, de arbitrariedad planificada, y de humanidad deshumanizada, nunca digan “es natural”… para que todo pueda ser cambiado.”

[21] Pal Pelbart, Peter. Op. Cit. Pag. 289-290.

[22] AA.VV y Colectivo Situaciones (coord.), Op. Cit. Pag. 184.

[23] Pal Pelbart, Peter, Op. Cit. Pag. 44.

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